La revolución terapéutica del ARN
Publicado el 23/05/2025

Cuando Margaret Keenan, una mujer de 90 años de Coventry (Reino Unido), recibió la primera vacuna de la COVID-19, habían pasado apenas 11 meses desde el descubrimiento del virus que la causaba y menos de 9 desde la declaración de pandemia. Era 8 de diciembre de 2020 y la biomedicina establecía un récord histórico. En comparación, el desarrollo y la aprobación de la vacuna del ébola requirió 5 años; la del sarampión, 7. Esta velocidad sin precedentes fue posible gracias a una combinación de factores —una financiación y una cooperación global excepcionales, entre otros—, pero uno de ellos marcó la gran diferencia: la tecnología del ARN.
Lejos de ser una solución puntual,



