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La carrera contra la resistencia a los antibióticos. ¿Cómo podremos ganarla? Preguntamos al experto

Publicado el 18/11/2025

Hace años que no dejamos de leer sobre el poder de algunas bacterias ante los antibióticos tradicionales. «Bacterias pesadilla», superbacterias, multirresistencia son conceptos que cada vez resuenan más y que destilan una misma realidad: la imposibilidad de afrontar las infecciones bacterianas con moléculas antimicrobianas. 

Y es que son mutaciones azarosas las que vuelven resistentes las bacterias. Por lo que si interrumpimos un tratamiento, les damos más oportunidades de mutar, y si usamos antibióticos sin necesidad, favorecemos que las cepas resistentes sobrevivan y se multipliquen. Así se forma un círculo vicioso que amenaza la eficacia de nuestras terapias. 

Hoy hablamos con el investigador Marc Torrent, profesor agregado del Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Universitat Autònoma de Barcelona, sobre este reto de salud global que la OMS ha bautizado como «pandemia silenciosa».

¿Por qué se le ha dado este nombre, Marc?

Se la denomina pandemia silenciosa porque, a diferencia de la COVID-19, se expande sin la visibilidad de una crisis aguda. Sin embargo, las muertes vinculadas a bacterias resistentes a los antibióticos siguen aumentando cada año. Se estima que, en 2019, alrededor de 5 millones de personas fallecieron por esta causa. 

¿Qué factores impulsan esta pandemia?

Son muy diversos, pero entre los más importantes encontramos la prescripción excesiva de antibióticos, su uso masivo en la ganadería, la liberación de residuos industriales al medio ambiente procedentes de la producción de antibióticos y la movilidad global de las personas, que facilita la propagación de cepas resistentes. 

Solemos hablar en general de «resistencia bacteriana a los antibióticos», pero ¿todas las bacterias desarrollan resistencias al mismo ritmo?

No. La velocidad con la que aparecen las resistencias depende del tipo de antibiótico, del microorganismo implicado y de la presión selectiva del entorno, como es el caso de la exposición innecesaria y constante a estos fármacos. Algunas bacterias pueden desarrollar resistencia en apenas unos años, cuando solo las cepas resistentes logran sobrevivir y multiplicarse. Además, una vez adquirida, pueden transferirla a otras especies bacterianas con facilidad gracias al intercambio de fragmentos de ADN con mutaciones que las hacen resistentes. 

Las noticias recientes alertan sobre las «bacterias pesadilla» como las más preocupantes. Marc, ¿qué son y qué las hace tan peligrosas?

Las «bacterias pesadilla» (nightmare bacteria, en inglés) son resistentes a casi todos los antibióticos disponibles, incluidas las terapias de último recurso reservadas para las infecciones más graves. Estas cepas se encuentran sobre todo en hospitales y unidades de cuidados intensivos, donde el uso intensivo de antibióticos y de dispositivos invasivos, como sondas, catéteres y respiradores, facilita su propagación. 

En pacientes inmunodeprimidos, estas infecciones son especialmente graves y su tasa de mortalidad puede superar el 50 % debido a la falta de tratamientos eficaces. Son un buen ejemplo del peligro que representan las cepas multirresistentes si no logramos controlar su avance. 

Actualmente, ¿a qué retos se enfrenta la investigación contra la resistencia bacteriana a los antibióticos?

Nos enfrentamos a tres grandes retos. Por una parte, la expansión de las resistencias reduce la eficacia de los antibióticos disponibles, mientras que la escasez de nuevos fármacos con mecanismos distintos complica aún más la situación. Esta combinación es especialmente peligrosa: si la resistencia avanza más rápido de lo que se desarrollan nuevos tratamientos, los sistemas de salud podrían verse superados. A estos dos desafíos se suma la falta de incentivos económicos y regulatorios para que la industria invierta en antibióticos. Su uso limitado los hace mucho menos rentables que los medicamentos para enfermedades crónicas, como la diabetes o los trastornos neurodegenerativos, lo que lleva a las empresas a concentrar sus recursos en áreas con más rentabilidad. Por ello, es necesario establecer marcos normativos y financieros que hagan rentable la investigación en este campo. 

Los desafíos en el ámbito de los antibióticos son claros, pero ¿existen avances recientes que indiquen que la investigación va por buen camino?

¡Claro! No todo son noticias preocupantes. En los últimos años se han identificado moléculas como la teixobactina o la lariocidina que, aunque todavía están en fases iniciales de desarrollo, podrían dar lugar a nuevos antibióticos eficaces. Además, la aplicación de la inteligencia artificial al descubrimiento de fármacos está acelerando la identificación de nuevas moléculas. Tampoco podemos olvidar las iniciativas de políticas públicas que vigilan la aparición de resistencias y promueven un uso más responsable de los antibióticos. Todo ello demuestra la importancia de invertir en investigación y de establecer marcos regulatorios que faciliten el desarrollo de nuevos tratamientos. 

Hablando de políticas públicas, la Unión Europea (UE) ha lanzado recientemente la iniciativa «One Health AntiMicrobial Resistance» para combatir la resistencia a los antibióticos. Marc, ¿qué importancia tiene este enfoque y cuál podría ser su impacto?

El enfoque de «una sola salud» (one health) es clave porque integra la salud humana, la salud animal y el medio ambiente, que están estrechamente interconectados. Muchos antibióticos utilizados en medicina tienen equivalentes en veterinaria, y los genes de resistencia pueden circular entre bacterias de animales y humanos a través del agua, el suelo o los alimentos. Limitar el estudio solo a la salud humana sería un grave error. 

Con esta iniciativa de la UE se busca integrar políticas públicas y sistemas de vigilancia en los tres niveles promoviendo el uso racional de los antibióticos, fomentando prácticas sostenibles que reduzcan su consumo y reforzando el seguimiento de las resistencias. Si se implementa correctamente, podría preservar la eficacia de los antibióticos a largo plazo. 

¿Qué estáis investigando actualmente?

Con el apoyo de CaixaImpulse Innovación estamos desarrollando una nueva clase de antibióticos que presenta dos grandes ventajas: por un lado, es eficaz frente a cepas resistentes, ya que actúa sobre un mecanismo bacteriano completamente nuevo. Por otro lado, actúa sobre dianas presentes casi exclusivamente en bacterias patógenas, por lo que preserva las bacterias beneficiosas de la microbiota del paciente y reduce los efectos secundarios. En conjunto, este enfoque podría ofrecer un antibiótico de último recurso capaz de tratar infecciones actualmente intratables y salvar vidas. 

Para finalizar, Marc, ¿qué podemos hacer en casa para ayudar a prevenir la resistencia a los antibióticos?

Aunque la responsabilidad principal recae en las instituciones de salud pública y en la implementación de políticas adecuadas, individualmente también podemos contribuir al uso responsable de los antibióticos. Es fundamental tomarlos solo bajo prescripción médica y nunca automedicarse. Hay que recordar que los antibióticos solo actúan contra bacterias, no contra virus, por lo que no sirven para resfriados o gripes. Además, es crucial completar siempre el tratamiento prescrito, ya que interrumpirlo puede dejar sobrevivir bacterias parcialmente resistentes, que luego pueden transmitir sus genes de resistencia a otras bacterias. 

***

Como vemos, ganar la carrera contra la resistencia bacteriana es posible, pero requiere un enfoque integral: investigaciones innovadoras, políticas públicas efectivas y un uso responsable de los antibióticos. Solo así podremos frenar el ciclo de propagación y proteger la eficacia de nuestros tratamientos frente a esta «pandemia silenciosa». 

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