El cáncer. Un nombre, muchas enfermedades. Preguntamos al experto
Publicado el 25/02/2026

Todo avance comienza con una pregunta. Los médicos de la Grecia clásica se preguntaban qué era aquel tejido anómalo que crecía sin control y afectaba la salud de sus pacientes. Lo denominaron karkinos (‘cangrejo’) por su dureza y su parecido a este animal. De ese término deriva la palabra que seguimos utilizando hoy.
2.400 años más tarde, sabemos que existen más de 200 tipos de cáncer. El cáncer no es una sola enfermedad, sino muchas, y necesita muchas preguntas. En este artículo recogemos algunas de las dudas que nos ha enviado nuestra comunidad y las abordamos junto con dos expertas en clínica e investigación.
Elisa Espinet, investigadora Health Research de la Fundación ”la Caixa” y jefa de grupo en el Laboratorio de Cáncer Pancreático, de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL), e Irene Braña, becada por la Fundación ”la Caixa”, oncóloga médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron, jefa del Grupo de Cáncer de Cabeza y Cuello del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) e investigadora de la Unidad de Investigación de Terapia Molecular del Cáncer (UITM)-Caixa Research también del VHIO, nos ayudan a entender mejor el contexto sobre una realidad compleja que nos afecta a todos.
Comencemos:
No todos los tumores son iguales ni todos los pacientes responden de la misma manera. ¿Por qué es importante que entendamos la diversidad del cáncer?
ELISA: Igual que las células de nuestra piel no son iguales que las células de nuestros ojos, los tumores que se originan en distintos órganos también son diferentes entre sí. Por ejemplo, un melanoma de piel no es lo mismo que un melanoma uveal (ocular) y, por tanto, no requieren los mismos tratamientos, de la misma manera que no usamos la misma crema para la piel que para los ojos. Incluso dentro de un mismo órgano existen distintos tipos de células y cada uno de ellos puede dar lugar a tumores con características diferentes. Comprender esto es clave para avanzar hacia una medicina cada vez más personalizada.

Elisa Espinet, investigadora Health Research de la Fundación ”la Caixa” y jefa de grupo en el Laboratorio de Cáncer Pancreático, de la Facultad de Medicina de la Universitat de Barcelona y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (IDIBELL).
¿Y la genética? ¿Qué papel juega en el desarrollo del cáncer y cómo se combina con otros factores de riesgo (sociales, ambientales…)?
IRENE: La genética juega un papel importante, pero debemos diferenciar entre predisposición hereditaria y alteraciones genéticas adquiridas. Solo entre un 5-10 % de los cánceres se deben a mutaciones heredadas de nuestros padres, como BRCA1/2 o el síndrome de Lynch. La mayoría de los cánceres, en cambio, se producen por cambios genéticos que las células van acumulando a lo largo de la vida influidos por factores como el tabaco, el alcohol, la dieta, la obesidad, las infecciones o las exposiciones ambientales. El cáncer suele ser el resultado de la interacción entre nuestra biología y nuestro entorno.
¿Es cierto que se está observando un descenso en la edad de aparición de algunos tipos de cáncer? ¿Por qué?
IRENE: Sí, en los últimos años estamos viendo un aumento de algunos cánceres en personas menores de 50 años, especialmente el colorrectal, el de mama o el de endometrio. No existe una única causa clara, pero probablemente influyen factores como los que he mencionado antes, relacionados con los cambios en el estilo de vida: aumento de la obesidad, alteraciones metabólicas y posibles factores ambientales. También puede influir el aumento de concienciación y capacidad diagnóstica, que hace que se detecten antes, aunque esto no explica por completo esta tendencia. Es un fenómeno que estamos estudiando intensamente porque tiene implicaciones importantes en prevención y estrategias de cribado.

Irene Braña, becada por la Fundación ”la Caixa”, oncóloga médica del Hospital Universitario Vall d’Hebron, jefa del Grupo de Cáncer de Cabeza y Cuello del Vall d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) e investigadora de la Unidad de Investigación de Terapia Molecular del Cáncer (UITM)-Caixa Research también del VHIO.
¿Cuál es el tiempo medio que transcurre desde que se inicia un proceso tumoral hasta que se convierte en un cáncer detectable? ¿Cómo varía entre diferentes tipos de tumor?
ELISA: Las células de nuestro cuerpo sufren mutaciones (errores en el ADN) continuamente, como ha dicho Irene. En la mayoría de los casos, los errores se corrigen o las células dañadas desaparecen. Pero cuando algunos de esos errores quedan fijados en el ADN y se van acumulando con el tiempo, puede comenzar un proceso tumoral. Para eso hacen falta varios años, incluso décadas, aunque depende del tejido donde se produzca este fenómeno. La detección también depende mucho del tipo de cáncer. Tumores que aparecen en lugares más visibles (el pecho o la piel, como el melanoma) son más fácilmente detectables al estar «a la vista». Otros, como el cáncer de páncreas, tardan más en detectarse, puesto que el órgano no es visible y los síntomas son poco específicos.
Hablando de diversidad en el cáncer, también hay personas que desarrollan metástasis y otras no. ¿Por qué pasa eso?
ELISA: Aún se conoce poco. Estamos comenzando a entender que la forma en que el tumor interactúa con su entorno o la capacidad que tiene para moverse y sobrevivir fuera del órgano de origen son lo que facilita que sus células puedan viajar a otros órganos y acaben iniciando una lesión allí. Por tanto, entender las características específicas de cada tumor es importante porque nos ayudará a predecir qué paciente tiene mayor riesgo de desarrollar metástasis y a diseñar terapias que puedan retrasar o incluso impedir su aparición.
¿Y por qué se dan recaídas en algunas personas?
IRENE: Porque, pese al tratamiento inicial, pueden quedar células tumorales microscópicas que no se detectan y que con el tiempo vuelven a crecer. También influye la biología del tumor, como decía Elisa: el tamaño y la extensión del cáncer en el momento del diagnóstico (lo que llamamos estadio). Algunos son más agresivos o desarrollan mecanismos de resistencia a los tratamientos.
Claro, el momento del diagnóstico también es importante. ¿Existe algún indicador común en todos los cánceres que pueda alertar de su presencia antes de que aparezcan síntomas?
ELISA: No, actualmente no existe un indicador común o un biomarcador universal para todos los tipos de cáncer antes de la aparición de síntomas. Uno de los marcadores más estudiados en biopsia líquida es la detección de ADN tumoral (si no hay tumor, no hay fuente de ADN tumoral y, por lo tanto, no hay presencia circulante en sangre). Sin embargo, y volviendo a la diversidad que hemos estado comentando, los niveles de ADN tumoral circulante pueden variar mucho entre distintos tipos de cáncer y también entre pacientes con el mismo tipo de tumor. Resolver estas preguntas es uno de los grandes retos actuales para avanzar hacia una detección más precoz y precisa.
¿En qué consiste exactamente la biopsia líquida? ¿Y qué tipos de cáncer pueden diagnosticarse en la actualidad mediante esta técnica?
ELISA: Consiste en encontrar, normalmente en una muestra sanguínea, moléculas que en condiciones normales no deberían estar presentes en la sangre. En concreto, material genético, ADN o ARN tumoral. Además, la cantidad específica de estas moléculas, estos biomarcadores, puede aportar información sobre la evolución de la enfermedad: si aumenta indicaría que la enfermedad está avanzando; mientras que si disminuye —por ejemplo, durante el tratamiento— indicaría que el tumor está respondiendo bien. En estadios avanzados de la enfermedad, como es la situación en la que hay metástasis, la presencia de estos marcadores tumorales en sangre puede ser más elevada y, por lo tanto, la detección y el uso de esta técnica pueden ser más precisos. Se está utilizando biopsia líquida en cáncer de mama metastásico, cáncer de pulmón de célula pequeña o cáncer de colon, pero es importante tener en cuenta que la presencia de biomarcadores depende del tipo de tumor y del paciente, y aún no sabemos suficientemente cómo se regula.
La quimioterapia y la radioterapia son los tratamientos más famosos. Pero ¿qué otros han demostrado ser eficaces en determinados tipos de cáncer?
IRENE: El tratamiento del cáncer depende del tipo y del estadio, pero sí, seguimos utilizando cirugía, quimioterapia y radioterapia como pilares fundamentales. Sin embargo, en la última década han cobrado un papel protagonista las terapias dirigidas y la inmunoterapia, que actúan sobre alteraciones específicas del tumor o potencian el sistema inmunitario del paciente. También contamos con hormonoterapia en determinados tumores y terapias celulares en contextos concretos, como las terapias CAR-T en tumores hematológicos.
El sistema inmunitario es clave en el desarrollo del cáncer. Y hay tumores que se esconden de él. ¿Cómo podemos eliminarlos?
ELISA: Hay varios mecanismos mediante los cuales el tumor se protege de ser visto o atacado por el sistema inmunitario, así que existen diferentes estrategias en función de eso. Por ejemplo, si las células tumorales se protegen produciendo moléculas que frenan la acción del sistema inmunitario, podemos utilizar fármacos que «apagan» o bloquean esas señales; esto es lo que se hace con las terapias anti-PD-1 o anti-PD-L1. O, si el sistema inmunitario está «dormido», podemos obtener células inmunes del propio paciente, modificarlas en el laboratorio para hacerlas supereficientes en el reconocimiento del tumor y entonces devolverlas al organismo. Es lo que se conoce como terapia CAR-T. Otra forma de «despertar» el sistema inmunitario puede ser mediante el uso de vacunas tumorales personalizadas. Hay muchos estudios relacionados con nuevas herramientas para desenmascarar las células tumorales.
Hoy día, ¿hay algún tipo de cáncer en el que se pueda hablar de curación completa? ¿Cuáles?
IRENE: Sí, afortunadamente existen tumores con tasas muy altas de curación, especialmente cuando se diagnostican en estadios iniciales. Algunos ejemplos son el cáncer testicular, determinados linfomas o muchos cánceres de mama, colon y cáncer de cabeza y cuello detectados precozmente. En otros casos hablamos más de cronificación, ya que algunos pacientes pueden vivir muchos años con la enfermedad controlada gracias a terapias innovadoras. Siempre es importante individualizar el pronóstico y transmitir información realista, pero también esperanzadora. Hoy más que nunca, el diagnóstico de cáncer no es sinónimo de falta de opciones.
Y además, convivir con la enfermedad aun habiéndola superado no es fácil. ¿Cómo se puede reducir el impacto de las secuelas físicas, psicológicas y sociales, y favorecer la reintegración de los pacientes en la vida cotidiana y laboral?
IRENE: El abordaje del cáncer no termina cuando finaliza el tratamiento. Es fundamental trabajar la rehabilitación física, el apoyo psicológico y el acompañamiento social y laboral. Muchas personas pueden experimentar cansancio, falta de concentración, ansiedad, miedo a la recaída o dificultades para reincorporarse al trabajo. Por eso es clave un enfoque multidisciplinar que incluya oncólogos, psicólogos, fisioterapeutas y trabajadores sociales. Nuestro objetivo no es solo aumentar la supervivencia, sino también preservar la calidad de vida y facilitar que las personas recuperen su proyecto vital con el mayor bienestar posible.
