jueves 30

Salud mental: la gran asignatura pendiente

Publicado el 30/10/2025

El 45 % de las personas experimentará un problema de salud mental a lo largo de su vida. Los trastornos mentales son hoy la primera causa de discapacidad en el mundo en todas las franjas de edad y superan en impacto cualquier otro problema de salud. 

Ansiedad, depresión, adicciones, trastorno bipolar o esquizofrenia son solo algunos ejemplos de trastornos que, a pesar de ser muy frecuentes, siguen rodeados de estigmas y barreras para el diagnóstico y el tratamiento

Durante décadas, el debate en torno a la salud mental se ha movido entre dos polos: quienes priorizan los aspectos biológicos y quienes enfatizan los determinantes sociales. Sin embargo, investigaciones más recientes demuestran que esta dicotomía es artificial e impide avanzar en la comprensión real de estos trastornos. Por ello, la ciencia actual se centra en integrar ambos enfoques reconociendo que la genética y la neurobiología interactúan constantemente con el entorno, las condiciones de vida y las experiencias personales

Aparte de los síntomas, las personas con un problema de salud metal se enfrentan a menudo a la incomprensión social y la falta de recursos asistenciales adecuados. En España, la salud mental ha sido históricamente una asignatura pendiente: la inversión pública está muy por debajo de la media europea y la falta de profesionales genera listas de espera interminables. Esta situación se traduce en una excesiva dependencia de la medicación que ha llevado al país a situarse a la cabeza del consumo mundial de ansiolíticos y tranquilizantes. A ello se suma un dato especialmente preocupante: más de diez personas se suicidan cada día en España y el suicidio se ha convertido en la principal causa de muerte entre los jóvenes del país. 

Los especialistas coinciden en que la psiquiatría y la salud mental se enfrentan hoy a tres grandes retos: la prevención, la mejora de los diagnósticos y tratamientos a través de la genética y la medicina personalizada, y los nuevos abordajes terapéuticos, tanto farmacológicos como psicoterapéuticos o combinaciones de ambos. 

En todas estas cuestiones —y muchas otras— se ha centrado el último debate de Investigación en Salud de la Fundación ”la Caixa”, que se celebró el 22 de octubre y contó con la participación de tres expertos:

  • Enrique Baca García es jefe corporativo del Departamento de Psiquiatría y Psicología Clínica de la Fundación Jiménez Díaz, que coordina los hospitales del Grupo Quirónsalud integrados en el Servicio Madrileño de Salud, y catedrático de Psiquiatría en la Universidad Autónoma de Madrid. 
  • Josep Maria Haro Abad es director de la Unidad de Docencia, Investigación e Innovación del Parc Sanitari Sant Joan de Déu de Sant Boi de Llobregat, investigador del Institut de Recerca Sant Joan de Déu y del CIBER de Salud Mental, y profesor asociado de Medicina en la Universitat de Barcelona. 
  • Víctor Pérez Solà es director del Área Asistencial y Médica del Hospital del Mar de Barcelona, investigador del Hospital del Mar Research Institute y del área del CIBER de Salud Mental, y profesor titular de Psiquiatría en la Universitat Pompeu Fabra. 

A continuación repasamos las principales ideas que los tres expertos abordaron durante el debate, dirigido por Esther Armora, redactora especializada en ciencia y salud del diario ABC

 

Prevalencia e impacto de los trastornos de salud mental

¿Cómo afectan los trastornos de salud mental a la población?

«La inmensa mayoría de estos trastornos empieza en la infancia y en la adolescencia; es decir, el 60 % de los adultos que experimentarán un trastorno mental ya ha sufrido uno en esas etapas, aunque no necesariamente el mismo. Esto quiere decir que debemos empezar a preocuparnos por todos estos problemas en la infancia y en la adolescencia porque es ahí cuando probablemente se desarrollan muchos factores de riesgo». — Josep Maria Haro 

¿Cuáles son los trastornos más prevalentes?

«Los trastornos de ansiedad y los trastornos depresivos, que afectan al 10 % de la población cada uno de ellos. A los especialistas también nos preocupan trastornos que pueden ser graves, como la esquizofrenia o el trastorno bipolar, aunque sabemos que el trastorno por ansiedad o el trastorno depresivo también pueden llegar a ser graves y desembocar, por ejemplo, en un intento de suicidio, y un número muy relevante, por desgracia, tienen éxito». — Josep Maria Haro 

¿El aumento de la percepción de los trastornos mentales refleja una mayor conciencia social?

«Hace cinco años nos enfrentamos a una situación extraordinaria: la pandemia y el aislamiento social. Estas circunstancias generaron un estrés extremo, con un incremento de hasta el 70 % en la incidencia de trastornos mentales. Esto hizo que los problemas mentales pasasen a la primera línea del interés social, por lo que puede ser que parte del aumento también se explique porque hoy somos más conscientes y más abiertos a hablar de ellos, mientras que antes el estigma ocultaba muchos casos». — Josep Maria Haro

¿Quiénes sufrieron más los efectos de la pandemia sobre la salud mental?

«Al contrario de lo que se piensa, fueron los jóvenes quienes más se vieron afectados. Durante la adolescencia, las relaciones sociales son fundamentales para la independencia y el desarrollo personal. También los niños pequeños sufrieron, ya que el aislamiento les afectó en el desarrollo del lenguaje y de las habilidades sociales». — Josep Maria Haro 

Esther Armora

 

Los factores biológicos frente a los determinantes sociales

¿Qué peso tienen los factores biológicos y los sociales en los trastornos mentales?

«Depende del trastorno, no se pueden dar cifras globales. Por un lado, la predisposición genética no se debe a un único gen, sino a un conjunto que confiere cierta vulnerabilidad. Por otro lado, los factores ambientales también son muy importantes en esta vulnerabilidad. Las cifras pueden variar del 30 al 70 %… Hay algunas condiciones, sobre todo circunstancias que se dan durante la infancia, que aumentan significativamente el riesgo de padecer un trastorno mental». — Josep Maria Haro

¿Cómo afectan los primeros años de vida, la crianza, la educación y el entorno familiar?

«El periodo de desarrollo emocional y cognitivo en los primeros años es crucial, ya que proporciona herramientas para afrontar las dificultades posteriores. La exposición a violencia o negligencia infantil incrementa notablemente el riesgo de trastornos mentales. Entre los factores psicosociales, ese es el más determinante. Nuestro sistema educativo y de atención a niños y adolescentes debería centrarse en estas etapas críticas». — Josep Maria Haro

¿Cuál es el impacto de los trastornos de salud mental en las arcas públicas?

«Creo que las autoridades son conscientes de que la salud mental es una prioridad para los ciudadanos. Se nota en las políticas públicas, pero los presupuestos públicos llevan una inercia y llegan cuando llegan y a donde llegan. Los costes indirectos de la salud mental —lo que la sociedad pierde cuando las personas sufren estos trastornos y no pueden desarrollarse plenamente— son enormes». Si uno dice que los costes de salud mental son mayores que el cáncer, que la diabetes y que las enfermedades cardiovasculares juntas, uno se hace cargo realmente del impacto que tienen para la sociedad». — Enrique Baca

¿Influye la historia familiar en el riesgo de desarrollar un trastorno?

«No solo heredamos genes, sino que crecemos en un entorno familiar y social determinado. Es difícil separar lo puramente genético de los factores agregados a la familia. Efectivamente, quienes viven en familias en las que hay depresión tienen más riesgo de padecerla, pero tanto por herencia genética como por todos los factores de educación, de contacto y de experiencias compartidas». — Enrique Baca

¿Puede la genética ser una herramienta de detección del riesgo de tener un trastorno mental?

«La genética de la salud mental es muy compleja. No hay un único gen que determine un trastorno, son muchos genes interaccionando entre ellos, con el ambiente y con las experiencias tempranas. Uno puede tener unos genes en un ambiente favorable y no desarrollar la enfermedad y viceversa. Ahora mismo estamos muy lejos de comprender estas interacciones, pero lo que sí podemos es intentar aplicar la información genética para conducir mejor los tratamientos y hacer lo que se llama prescripciones guiadas». — Enrique Baca 

 

Fármacos y terapias: los avances en el tratamiento

¿Qué avances se han producido en los campos farmacológico y clínico en los últimos años?

«Más que avances concretos, desde los años setenta se está desarrollando una línea muy prometedora de psicofarmacología moderna que ha permitido que muchos pacientes que antes estaban condenados a vivir en un asilo puedan llevar una vida independiente o con gran autonomía. Ha habido muchos avances en psicoterapia, en medicación y en rehabilitación que han mejorado mucho la calidad de vida de los pacientes. Para nosotros lo más importante no es curar una enfermedad, es que la persona desarrolle su proyecto vital con las menores limitaciones posibles. Esto también se nota en la actitud de la propia sociedad con estas personas, que ha pasado del rechazo a la comprensión e incluso a la ayuda». — Enrique Baca

«Esta mejora en la aceptación social de la enfermedad y un mayor conocimiento de estos trastornos ha hecho que también mejoren el diagnóstico y el tratamiento. En cuanto al aspecto farmacológico, ha habido algunos momentos de saltos cualitativos importantes, como cuando aparecieron fármacos con mucha mejor tolerancia y más efectivos, y ahora estamos en otro momento, en el que han aparecido fármacos para trastornos resistentes». — Josep Maria Haro 

Al margen de la medicación, ¿qué estrategias han demostrado ser efectivas para mantener el estado de ánimo de las personas que tienen un trastorno bipolar?

«Los tratamientos actuales son más tolerables y más fáciles de usar que los anteriores, pero también contamos con técnicas psicoterapéuticas eficaces. En el caso del trastorno bipolar, la psicoeducación es clave: se enseña a los pacientes y sus familias a reconocer síntomas que deben disparar las alarmas a la hora de buscar ayuda. Es un trastorno muy prevalente, que afecta aproximadamente al 1 % de la población, y tiene periodos muy discapacitantes, tanto de euforia como de depresión. La capacidad del paciente o su entorno para identificar señales tempranas —como dormir menos— y llamar a su médico ayuda mucho a mejorar el tratamiento». — Víctor Pérez Solà

¿Cuál es la relación entre el consumo de drogas como el cannabis o la cocaína y la salud mental?

«Los trastornos por dependencia o adicción son en sí mismos trastornos mentales, aunque es verdad que muchas veces se suman a otros trastornos mentales. Además, el consumo de ciertas sustancias tiene consecuencias graves para la salud mental. Por ejemplo, el cannabis, a menudo popularmente desdramatizado, aumenta exponencialmente el riesgo de padecer enfermedades mentales tremendamente graves, como la esquizofrenia, especialmente si se consume en edades tempranas, por debajo de los 22-23 años». — Víctor Pérez Solà

«En los últimos años ha irrumpido el uso de las metanfetaminas sintéticas, sustancias de alto riesgo que pueden inducir síntomas psicóticos. Otras drogas, como la heroína, siguen siendo un reto, pero afortunadamente tenemos tratamientos eficaces. Por último, tampoco se puede ignorar el problema que causan otras sustancias legales: las consecuencias del alcohol en nuestra sociedad son terribles». — Víctor Pérez Solà

¿Hay un exceso de medicación para tratar ciertos trastornos?

«En España tenemos las cifras más altas de Europa en el uso de psicofármacos. Por ejemplo, casi el 40 % de las mujeres mayores de 65 años está tomando benzodiazepinas. Esto se debe a muchos factores: la popularidad de estos fármacos, la facilidad con la que se recomiendan y la falta de profesionales, desde médicos de cabecera hasta psicólogos. Todo ello conduce a la incapacidad del sistema para ofrecer apoyo adecuado a personas con síntomas que, en realidad, responden a problemas laborales, sociales o emocionales». — Víctor Pérez Solà

Víctor Pérez Solà

 

La importancia de la prevención en salud mental

¿Se puede prevenir el trastorno mental?

«La prevención es muy compleja, sobre todo porque los trastornos mentales dependen en gran medida de factores ambientales. Vivimos en una sociedad muy dinámica, por lo que medidas que funcionan hoy pueden quedar obsoletas mañana. Por ejemplo, hace veinte años se consideraba que el fracaso escolar o el consumo de drogas eran los principales factores de riesgo de suicidio en jóvenes. Hoy en día, sin embargo, el ciberacoso a través del móvil se ha convertido en el principal factor de riesgo». — Enrique Baca 

«Hay una prevención básica que consiste en tener buenos hábitos sociales, de salud y de educación. Tan fácil de decir como difícil de implementar. Además, hemos avanzado mucho en la llamada prevención secundaria: ser capaces de identificar y diagnosticar lo antes posible, y aplicar el tratamiento adecuado desde el inicio para evitar complicaciones, como por ejemplo el suicidio». — Enrique Baca 

Hay estrategias que refuerzan la idea de actuar en prevención desde el ámbito educativo. ¿Qué se está haciendo en España en este sentido?

«Estamos empezando a abordar lo que se llama el entrenamiento social y emocional en el sistema educativo. Se trata de que los niños y los adolescentes sepan reconocer sus emociones, enfrentarse a sus dificultades, reconocer las emociones del otro y mostrar empatía, y resolver conflictos. Individualmente, el efecto no se ve en el momento, puesto que hablamos de una prevención primaria, pero es algo que tendrá un impacto en toda la vida y conseguirá reducir el riesgo de sufrir un trastorno mental». — Josep Maria Haro 

Josep Maria Haro

 

Las nuevas tecnologías: riesgos y oportunidades

¿El uso de redes sociales por parte de los jóvenes es un factor de riesgo para la salud mental?

«Las redes sociales son un fenómeno relativamente nuevo y probablemente todos tenemos que aprender a manejarlas mejor. Como cualquier adelanto tecnológico, tienen aspectos positivos y negativos. El gran problema es su rapidez y dinamismo, que dificultan la adaptación de la sociedad». — Enrique Baca 

«Se recomienda que la exposición de los niños a la tecnología sea muy gradual, dado que es necesaria cierta madurez neurobiológica. Antes de los tres años debería estar muy limitada, ya que en esa etapa lo más importante es el contacto humano directo. Entre los tres y seis años el uso debe ser supervisado y progresivo. Y esta supervisión debería mantenerse durante la adolescencia». — Enrique Baca

«Las redes sociales son una gran oportunidad para acceder a segmentos jóvenes de población a los que no llega el sistema sanitario. Creo que intentar controlar las redes sociales es una misión imposible. Podemos hacer recomendaciones, orientar a los padres en su uso… Pero también tenemos que estar abiertos a usarlas en beneficio de la detección y del tratamiento de los trastornos mentales». — Víctor Pérez Solà

A este respecto, ¿cómo integra el proyecto Survive el uso de tecnologías?

«Es un proyecto con el que estamos absolutamente entusiasmados y que se centra en usar los dispositivos móviles para reducir los intentos de suicidio. La primera fase incluyó a 1.800 personas que habían intentado suicidarse, pero los resultados iniciales no fueron satisfactorios y decidimos cambiar radicalmente el enfoque». — Víctor Pérez Solà

«Ahora utilizamos el teléfono móvil para monitorizar la conducta de manera poco invasiva. El paciente recibe preguntas ocasionales y nosotros aprendemos cómo se comporta. Esto nos permite detectar cambios de conducta que, en personas con riesgo de suicidio, pueden anticipar una tentativa hasta con una semana de antelación, lo que facilita la intervención. Con este enfoque hemos visto una reducción de hasta el 50 % en el riesgo de tentativas de suicidio». — Enrique Baca

Enrique Baca

 

La salud mental y los recursos del sistema de atención primaria

¿Están los médicos de cabecera preparados para detectar adecuadamente los problemas de salud mental?

«Hemos mejorado mucho en el reconocimiento de personas con trastornos mentales, aunque el diagnóstico no siempre es fácil, ya que muchos pacientes acuden con síntomas físicos, como problemas digestivos. Para mejorar la detección, los médicos necesitan tiempo para evaluar al paciente, hablar con él y ofrecer respuestas que no sean únicamente farmacológicas. Es decir, se requiere inversión en formación y, sobre todo, que los médicos de cabecera dispongan del tiempo necesario para hacer bien su trabajo. En algunos sitios empieza a haber psicólogos en atención primaria». — Josep Maria Haro 

¿Tiene el sistema sanitario los recursos suficientes para abordar los problemas de salud mental?

«España está por debajo de la media europea en inversión en salud mental. Eso es un dato objetivo. También es cierto que el covid ha contribuido de forma radical a desestigmatizar la salud mental. Ahora nos cuesta mucho menos decir que tenemos problemas de salud mental y que estamos buscando ayuda. Por eso cada vez hay más personas conocidas y socialmente relevantes que salen a la palestra y reconocen haber pasado por problemas de salud mental. Es muy importante que personas que son admiradas socialmente sean capaces de salir allí y explicar que estuvieron mal y gracias al tratamiento que hicieran, farmacológico o psicoterapéutico, están bien ahora. También es verdad que las administraciones autonómicas y estatales están elaborando planes específicos para la salud mental. Pero es esencial destacar que la salud mental no depende solo del sistema sanitario: factores como la estabilidad económica, un entorno social adecuado o tener un propósito vital también influyen y eso no lo pueden garantizar los médicos ni los psicólogos». — Víctor Pérez Solà

¿Hay suficiente coordinación entre las administraciones y los departamentos involucrados en cuestiones de salud mental?

«Si queremos reducir el impacto de los problemas de salud mental, tenemos que reducir sus causas. Estas tienen que ver muchas veces con factores económicos y laborales, con el estrés o con la falta de redes sociales de apoyo. Creo que los responsables políticos son conscientes de que hay que incluir la salud mental en todas las políticas y hay que hacer programas de intervención que vayan más allá de los departamentos de salud». — Josep Maria Haro

 

El futuro de la salud mental

¿Estamos viendo la luz al final del túnel?

«Me niego a decir lo contrario. Lo tenemos más difícil que con otras enfermedades: no tenemos biomarcadores que nos ayuden a diagnosticar los trastornos y existe un estigma social importante. Pero estoy convencido de que vamos por buen camino. La integración del trabajo de médicos de cabecera, psicólogos y psiquiatras nos permitirá revertir esta situación». — Víctor Pérez Solà

«Al igual que hemos resuelto otros problemas antes, estamos seguros de que este también lo vamos a resolver. Estamos encontrando la forma de solventarlo o de mitigarlo, la forma de lograr que la gente pueda desarrollar su proyecto vital». — Enrique Baca

«Es importante ponerlo en perspectiva: el diagnóstico y el tratamiento del cáncer han cambiado radicalmente en los últimos sesenta años gracias a la inversión en investigación. Creo que lo mismo está empezando a ocurrir con la salud mental: necesitamos esa inversión para poder cambiar la historia de estos trastornos». — Josep Maria Haro 

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