martes 28

Reescribir la menopausia

Publicado el 28/10/2025

Tristeza, niebla mental, dolor en las relaciones sexuales, pérdida de memoria, de masa ósea y de libido, incontinencia, migrañas, sofocos, riesgo de infarto o insomnio. 

Esta no es la lista de efectos secundarios de un tratamiento agresivo, sino los síntomas de la menopausia, una etapa por la que pasan todas las mujeres ―y en la que muchas vivirán un tercio de su vida—, pero sobre la que sabemos muy poco, tanto en el ámbito médico como en el social. 

Según una revisión publicada en la revista Cell, el 85 % de las mujeres con menopausia no recibe un tratamiento eficaz y aprobado por las agencias reguladoras. Por suerte, este vacío de recursos y de atención empieza a llenarse. Cada vez se habla más de ella, se invierte en su investigación y los estantes se llenan de productos —con mayor o menor base científica— que prometen aliviar sus síntomas. 

Sí, la menopausia abandona por fin la casilla de lo tabú y avanza hacia la de la actualidad acaparando debates científicos y sociales, pero también importantes cuotas de mercado. Y quizás por ello sea el momento de preguntarnos: ¿Hasta qué punto comprendemos su impacto en la salud física y mental? Y, sobre todo, ¿qué tratamientos eficaces están ya disponibles y cuáles se atisban en el horizonte? 

 

Las cifras

«Definimos la menopausia como la desaparición del ciclo menstrual durante más de 12 meses consecutivos, lo que ocurre normalmente entre los 45 y los 52 años», explica la doctora Glòria Borràs, ginecóloga y becaria de la Fundación ”la Caixa”. «Antes, aproximadamente a los 40, se instala la perimenopausia, una etapa en la que aparecen las irregularidades del ciclo ovárico y los primeros síntomas». 

«Su llegada depende de la reserva ovárica de cada mujer, es decir, de la cantidad y la calidad de sus óvulos», añade la doctora Borràs. De hecho, cuando esta reserva se agota, los niveles hormonales de estrógenos y progesterona caen en picado. Y es entonces cuando comienzan a manifestarse algunos de los más de 40 síntomas asociados a la menopausia

Las cifras son escandalosas. Según la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), más del 90 % de las mujeres sufre algún síntoma y entre un 25 y un 50 % los padece con una intensidad severa. Un 80 % experimenta alteraciones neurológicas, como insomnio y sofocos —causados por un cerebro que intenta regular la temperatura corporal—. Más del 50 % reconoce síntomas depresivos y alrededor del 60 % habla de niebla mental y fallos de memoria. 

Glòria Borràs     

Detrás de estos datos se esconden realidades que «afectan no solo a la salud, sino también al trabajo, las relaciones personales y la calidad de vida», indica la doctora Borràs. Y es precisamente ese impacto, tanto individual como colectivo, el que ha situado la menopausia en el centro de la agenda. Pero ¿por qué ahora? 

 

Un fenómeno social y económico

La presión demográfica ha sido un factor clave. Como indica la OMS, la sociedad está envejeciendo y en 2025 ya hay más de 1.000 millones de mujeres con menopausia en el mundo, lo que equivale al 12 % de la población global. 

Otro motivo es la pérdida de productividad laboral causada por sus síntomas, estimada en más de 150.000 millones de dólares (139.557 millones de euros) a escala mundial, según la consultora Frost & Sullivan

Y, por último, la llegada de la llamada «fiebre del oro de la menopausia». Donde durante décadas existió un vacío de conocimiento, investigación y educación sexual, las empresas han identificado un nicho de mercado —valorado en 600.000 millones de dólares anuales— que ha traído consigo una avalancha de productos de dudosa eficacia o con precios desproporcionados en relación con los beneficios. 

Los primeros detractores, sin embargo, ya están aquí. En marzo de 2024 se publicó un artículo en The Lancet en el que se advertía de los riesgos de la excesiva medicalización de esta etapa y se reclamaba un cambio de paradigma: más información para las mujeres, más decisiones compartidas y más apoyo para una atención integral

En España ya se están dando los primeros pasos. El Congreso de los Diputados aprobó en febrero, por primera vez, un paquete de medidas específico para la menopausia, orientado precisamente a cumplir con estos tres objetivos. 

 

¿Hay alternativas terapéuticas? 

«Disponemos de muchos complementos y tratamientos que pueden adaptarse a cada mujer según sus necesidades y preferencias», responde Glòria Borràs. «El primer paso suele ser trabajar el estilo de vida: alimentación, ejercicio físico y manejo del estrés. Estos factores influyen directamente en la microbiota, que hoy sabemos que desempeña un papel clave en la salud intestinal, vaginal e incluso cerebral». 

Y añade la doctora Borràs: «A partir de aquí, tenemos los suplementos nutricionales, algunos de los cuales sí tienen una base científica, y los tratamientos farmacológicos no hormonales, indicados sobre todo en mujeres con contraindicaciones, como las supervivientes de cáncer. Y por último, la terapia hormonal sustitutiva (THS), basada en la administración de estrógenos sintéticos que compensan la caída hormonal». 

El caso de la THS es paradójico. Durante años fue la opción de referencia, hasta que el estudio Women’s Health Initiative (WHI, 2002) la vinculó con un mayor riesgo de cáncer de mama y problemas cardiovasculares. El impacto fue inmediato: su uso se desplomó. Sin embargo, los propios autores reconocieron después que los datos se habían malinterpretado, y hoy la respalda de nuevo un consenso internacional de sociedades médicas. Aun así, en España solo la emplea el 4 % de las mujeres con síntomas menopáusicos y apenas el 2,3 % en la perimenopausia, muy lejos del 20 % alcanzado en el año 2000. 

Mientras tanto, la investigación avanza hacia nuevas vías que ofrecen terapias específicas para sintomatologías concretas. Como el trabajo de Joan Roig, investigador de la Fundación ”la Caixa” que estudia el potencial de la hormona Klotho como tratamiento para la osteoporosis. «Esta proteína, conocida como molécula antienvejecimiento, nos protege frente al daño oxidativo, inflamatorio y de la senescencia», explica Roig, que añade: «En el laboratorio vimos que aumentando sus niveles en ratones los protegía frente a la osteoporosis asociada a la edad». 

Joan Roig

Ahora, su equipo de investigación, una parte de la unidad mixta de investigación de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) y el Vall d’Hebron Instituto de Investigación (VHIR), desea comprobar si se obtiene el mismo resultado con la osteoporosis ligada a la menopausia. Si se confirma, se abriría la puerta a un nuevo fármaco con gran potencial, capaz no solo de frenar la enfermedad, sino también de estimular la regeneración ósea.

Por último, aparte de los tratamientos clásicos, algunos expertos plantean una alternativa aún más disruptiva: retrasar —o incluso eliminar— la menopausia para esquivar sus síntomas más severos. Una propuesta polémica, sí, pero que abre el debate sobre hasta qué punto cuidarnos en la vejez es sinónimo de enmascararla o incluso erradicarla.

 

Un nuevo capítulo

«La menopausia, como tantos otros aspectos de la salud de las mujeres, ha permanecido durante siglos silenciada, estigmatizada e incluso marcada por el histerismo», recuerda la doctora Borràs. 

«Pero hablamos de una etapa en la que las mujeres acumulan experiencia, talento y sabiduría, y en la que pueden seguir plenamente activas en la vida social, familiar y laboral. Por eso es fundamental que la ciencia y la sociedad se acerquen a ellas para ofrecer apoyo, información y tratamientos adecuados, en lugar de asumir su declive y marginarlas a partir de los 55 años», afirma Borràs. 

Al mismo tiempo, la experta subraya la importancia de que cada mujer «pueda evitar los autotratamientos, confiar en profesionales, seguir los controles necesarios y expresar sus necesidades tanto en casa como en el trabajo». 

Solo así, las próximas generaciones de mujeres podrán reescribir lo que significa vivir la menopausia: con dignidad, transparencia y el apoyo de soluciones científicas y rigurosas que les permitan finalmente disfrutar este capítulo de su vida de forma activa y plena. 

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