viernes 26

¿Qué edad tiene tu corazón?

Publicado el 26/09/2025

En 2015, el sistema de salud británico (NHS) sorprendió a toda la población con Heart Age Test, una calculadora en línea gratuita que estimaba la «edad cardíaca» de la persona usuaria con solo cinco datos básicos: peso, altura, presión arterial, colesterol y antecedentes familiares. 

El resultado, sin embargo, fue un baño de realidad para muchos: el 80 % descubrieron que su corazón era más viejo que ellos

Detrás de esta anécdota se esconde una tendencia inquietante. Cada vez se detectan más infartos en personas jóvenes, incluso en menores de 40 años. ¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué el corazón empieza a fallar antes? Y sobre todo: ¿podemos evitarlo?

Con motivo del Día Mundial del Corazón, hablamos con tres investigadores para entender qué está cambiando y cómo puede la prevención —desde la infancia hasta la vida adulta—ayudarnos a proteger nuestro corazón a tiempo

 

Detectar el riesgo

Un infarto ocurre cuando una parte del corazón deja de recibir sangre y oxígeno, y las células de esa zona comienzan a morir. ¿La causa más habitual?: un coágulo formado por grasa o colesterol acumulados en las paredes de las arterias que impide que la sangre fluya con normalidad. 

Pero ¿es cierto que cada vez se dan más en los jóvenes? «Los casos han aumentado, pero las causas son variadas», responde Borja Ibáñez Cabeza, director científico del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares y cardiólogo del Hospital Fundación Jiménez Díaz, en Madrid. «Por un lado, las herramientas diagnósticas han mejorado, lo que nos permite detectar nuevos casos más fácilmente. Por otro lado, los cambios en el estilo de vida de la población han adelantado la aparición de factores de riesgo a edades más tempranas».

Borja Ibáñez Cabeza 

Los datos lo respaldan: según la Fundación Española del Corazón (FEC), el 35 % de los menores en España presenta dos o más factores de riesgo cardiovascular, como el sedentarismo, la mala alimentación, el sobrepeso y el consumo de tabaco o sustancias. 

«El abandono de la dieta mediterránea y el aumento de la inactividad física están disparando las cifras de obesidad», advierte Ibáñez. «A esto se le añade el resurgimiento del tabaco entre jóvenes y especialmente en algunas poblaciones femeninas donde las cifras son aún más alarmantes». 

A pesar de ello, Ibáñez pide evitar el alarmismo: «No estamos ante un aumento dramático de los infartos entre los jóvenes, sino ante un empeoramiento de los factores de riesgo cardiovascular en todos los grupos de edad. Es una tendencia preocupante, pero no alarmante, que más que generar pánico debería hacernos reflexionar sobre cómo podemos mejorar la prevención desde edades tempranas», indica. 

Durante la pandemia, algunos medios apuntaron a otra posible causa de este aumento: el COVID-19. ¿Pero qué hay de cierto en ello? 

«La asociación entre infecciones víricas y accidentes cardiovasculares se conoce desde hace décadas, por ejemplo, con la gripe. Y la COVID-19 sigue un patrón similar», explica Ibáñez. «No es un fenómeno exclusivo, sino parte de lo que ocurre con muchas infecciones que activan el sistema inmunitario y aumentan la inflamación. Por ese motivo, vacunarse es importante: previene complicaciones que en algunos casos pueden ser graves». 

Además del estilo de vida, hay otro factor —más silencioso y menos controlable— que debemos tener en cuenta: la genética de la persona. ¿Qué papel está jugando?

«En las familias donde hay antecedentes de enfermedad cardiovascular a edades tempranas —hombres antes de los 55 y mujeres antes de los 65— solemos sospechar una causa hereditaria», explica Ramon Brugada, investigador del Instituto de Investigación Biomédica de Girona Dr. Josep Trueta (IDIBGI). 

Ramon Brugada

El problema es que identificar ese riesgo genético no es fácil. «Todavía no contamos con herramientas clínicas lo bastante precisas para detectar los factores genéticos implicados», matiza Brugada. «Es una genética muy compleja y multifactorial». 

Por ese motivo, en su laboratorio investigan el papel de ciertos genes relacionados con la trombosis —la formación de coágulos— y con los infartos precoces. «Todo indica que sí. Y nuestro objetivo es desarrollar un algoritmo genético que permita identificar a las personas en riesgo antes de que sufran un evento. Solo así podremos tomar medidas preventivas a tiempo». 

 

Anticipar los efectos

Uno de los grandes retos de la enfermedad coronaria es su evolución silenciosa. Pueden pasar décadas desde que empieza a desarrollarse hasta que da la cara con síntomas evidentes. Por eso, cada vez más investigaciones se centran en encontrar señales subclínicas —previas a cualquier síntoma evidente— que permitan detectar la ateroesclerosis antes de que cause daños irreversibles. 

Este es el objetivo del proyecto conjunto de Borja Ibánñez y Teresa Matias Correia, investigadora del Centro de Ciências do Mar do Algarve (CCMAR), centrado en diseñar una técnica de imagen cardíaca mejorada, basada en la resonancia magnética (RM): no es invasiva y es capaz de detectar la cardiopatía isquémica antes y con mayor precisión. 

Teresa Matias Correia

«A diferencia de pruebas estándar como la angiografía coronaria —que es invasiva y solo detecta obstrucciones importantes mediante rayos X—, nuestra técnica hace posible ver cómo fluye la sangre a través del músculo cardíaco, incluidos los vasos más pequeños», explica Correia. «Esto permite detectar los primeros indicios de enfermedad, incluso cuando las arterias aún no presentan estrechamientos visibles, algo especialmente relevante en pacientes jóvenes, en los que los cambios pueden ser sutiles pero significativos». 

Además, esta tecnología genera mapas cuantitativos que muestran en cifras precisas cuánta sangre llega a cada zona del corazón. «Esto aporta una objetividad y fiabilidad al diagnóstico que va más allá de lo que puede verse a simple vista». 

 

Escuchar las señales

Aunque solemos imaginar el infarto como algo repentino, brusco e inevitable, la realidad es que el cuerpo avisa, aunque no siempre de forma evidente. 

«El dolor opresivo en el pecho, que puede irradiarse al brazo o la mandíbula, es el síntoma clásico», señala Borja Ibáñez. «Pero pueden aparecer señales más sutiles, como molestias digestivas, falta de aire al hacer ejercicio o una fatiga inusual». En las mujeres, estos síntomas son incluso más comunes, y en los jóvenes, a menudo se confunden con estrés o cansancio, lo que puede retrasar el diagnóstico. 

Por eso, más allá de la prevención médica, los expertos insisten en la importancia de concienciar a la población desde edades tempranas. «Es fundamental que los jóvenes, aunque estén sanos, acudan al médico, especialmente si ha habido antecedentes en la familia», indica Ramon Brugada. «Y, sobre todo, que adopten hábitos saludables y controlen la presión arterial y el colesterol desde los 20 años. Esa prevención puede marcar la diferencia con los años». 

La buena noticia es que la ciencia está de nuestro lado. «Pronto podremos detectar alteraciones cardíacas antes de que aparezcan los síntomas, incluso sin que la persona sepa aún que tiene un problema, y tratarlas a tiempo», explica Teresa Correia. «Pero la tecnología por sí sola no es suficiente: hace falta información, compromiso personal, romper con la idea de que los infartos son cosa de personas mayores y empezar a cuidarse antes. Porque proteger tu corazón es darte a ti mismo la oportunidad de vivir más y mejor». 

Compartir

0