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VIH y embarazo: los avances para frenar la transmisión de madres a hijos

Publicado el 01/12/2022

Alrededor de 1,3 millones de mujeres con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) se quedaron embarazadas y dieron a luz durante el año pasado, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Mientras hace una década menos de la mitad recibían tratamiento, hoy lo hace más del 90 %. Esto significa que más mujeres tienen la enfermedad bajo control y se ha reducido de forma significativa la transmisión de madres a hijos durante el embarazo, el parto y la lactancia. 

El estudio del VIH es el foco principal de IrsiCaixa, centro impulsado por la Fundación ”la Caixa” que lleva más de 25 años estudiando la enfermedad causada por el virus y sus posibles curas. Hoy, con motivo del Día Mundial del Sida, Julia García Prado, que lleva más de dos décadas investigando sobre el VIH, analiza cómo ha avanzado la investigación sobre el impacto del virus en las mujeres, la situación actual de la pandemia de sida —la enfermedad causada por el virus— y lo que podemos esperar del tratamiento y la cura de este síndrome en el futuro. 

Julia García Prado, investigadora principal del Grupo de investigación de Escape Inmunitario y Vacunas (VIRIEVAC), IrsiCaixa

Las cifras de una pandemia con un impacto desigual

Más de 38 millones de personas vivían con el VIH en 2021, la cifra más alta en la historia de la pandemia. Sin embargo, el manejo de la enfermedad ha cambiado mucho. Hoy, la mayoría de las personas afectadas conocen su estado y son cada vez más las que tienen acceso a la terapia antirretroviral para mantener la infección controlada (mientras que, hace una década, lo tenía apenas el 25 %). Pero, más allá de las cifras globales, los datos regionales nos muestran diferencias importantes en el perfil de los portadores y en la gestión de la pandemia. 

«Existe una desigualdad evidente entre países con más recursos y países con menos recursos. La epidemia es muy distinta en cada uno de ellos. En los países con más recursos, los más afectados suelen ser hombres y el perfil de población que vive con la infección no suele estar vinculado a la capacidad adquisitiva o al nivel de estudios. En los países con menos recursos, sin embargo, sí que se trata de una pandemia muy feminizada», explica Julia. Según datos de la ONU, 6 de cada 7 nuevas infecciones en adolescentes del África subsahariana afectan a niñas.

Esta desigualdad también se refleja en los datos de transmisión entre madres e hijos. En los países con más recursos y con sistemas de salud sólidos, la tasa de contagio maternofetal está por debajo del 1 %, dado que la enfermedad se mantiene bajo control con medicinas y seguimiento. Sin embargo, en los países menos desarrollados y entre poblaciones aisladas con dificultades para acceder a los tratamientos, esta vía de transmisión sigue siendo importante y supera, en algunos casos, el 30 %.

De madres a hijos: la importancia del tratamiento

El contagio entre las madres y sus hijos se puede dar durante el embarazo, el parto —el momento de mayor riesgo en ausencia de tratamiento— y la lactancia. Para reducir las probabilidades de transmisión, el primer paso es conocer si la mujer está o no infectada. Con esa información en la mano, lo siguiente es reducir la transmisión maternofetal mediante antirretrovirales. Con la medicación adecuada, las probabilidades de contagio son muy bajas. 

Hoy por hoy, más del 80 % de las mujeres con el VIH que se quedan embarazadas reciben tratamiento. Sin embargo, en las regiones de África central y occidental, el porcentaje está por debajo del 60 %. 

«Si las mujeres toman los medicamentos durante el embarazo y el parto, y de ser necesario, se medica al bebé entre cuatro y seis semanas, el riesgo de transmisión es inferior al 1 %. Nunca va a ser cero, pero la probabilidad de contagio es casi inexistente», añade Julia. Además, el riesgo también puede reducirse si el parto se hace mediante una cesárea y evitando la lactancia natural. 

Si el virus se mantiene controlado, con una carga viral tan baja que es indetectable, las probabilidades de transmisión desaparecen. Haciendo alusión al mensaje de la ONU, Julia recuerda que «indetectable es igual a intransmisible».

El impacto del VIH más allá de la maternidad

Entender que las enfermedades afectan de forma diferente a mujeres y hombres, niños y adultos o personas de diferentes grupos étnicos es clave para lograr tratamientos más personalizados y curas más efectivas. Por ejemplo, el VIH provoca algunas complicaciones que afectan especialmente a las mujeres, como infecciones inflamatorias pélvicas, mayor riesgo de cáncer de cuello uterino o alteraciones del ciclo menstrual. «Además, parece que puede incrementar el riesgo de osteoporosis y, en algunas ocasiones, los anticonceptivos hormonales pueden llegar a interferir con el tratamiento del VIH», señala la investigadora. 

Para Julia, es evidente que en los inicios del estudio de la enfermedad y sus tratamientos ha habido ciertas desigualdades, en la medida en que el VIH fue más estudiado desde la perspectiva de los países con recursos, en los que la población más afectada era masculina. 

Con la mirada puesta en la cura, las vacunas y los controladores

La «paciente Esperanza» es una de las últimas controladoras de élite conocidas. Esta mujer argentina, cuyo caso fue conocido en 2021, es una de las cuatro personas registradas en el planeta que han sido capaces de controlar de forma natural la infección por VIH. Aunque todavía no se conocen muchos de estos casos, se calcula que una de cada 300 personas infectadas por el VIH es capaz de mantener bajo control el virus sin necesidad de tomar medicamentos antirretrovirales. Estudiar en detalle sus casos centra muchos de los esfuerzos de la ciencia para encontrar una cura del sida. 

«A nivel científico, el gran reto es curar el VIH. Probablemente, no será a través de una única estrategia terapéutica, sino mediante una combinación de estrategias: inmunoterapias, vacunas, terapias génicas…», explica Julia. «El otro gran reto es seguir mejorando la prevención, que la gente no se infecte y que no nazcan niños con VIH. Una vez el contagio está confirmado, mantener un tratamiento con antirretrovirales el resto de la vida no es lo ideal. Hasta ahora, nos habíamos conformado con tratar, pero queremos ir más allá.» 

En este sentido, las vacunas ―como la vacuna terapéutica HTI contra el VIH de AELIX Therapeutics diseñada en IrsiCaixa― constituyen una de las grandes esperanzas en la lucha contra la enfermedad. En la actualidad hay varios candidatos en desarrollo,

divididos entre vacunas preventivas, que se administran a las personas seronegativas para prevenir la infección en el futuro, y terapéuticas, para mejorar el tratamiento de personas que ya tienen el virus. 

El VIH es un virus complejo que no deja de evolucionar y que tiene una habilidad especial para escapar de las defensas del sistema inmunitario de los humanos, por lo que los esfuerzos para encontrar una cura han sido, hasta ahora, infructuosos. Sin embargo, las estrategias para frenar la transmisión a través de la protección, el testeo y la medicación, en especial en grupos de riesgo como las mujeres embarazadas, han mejorado las perspectivas de control de la pandemia. 

«Una de las cosas que más me han motivado para trabajar en el VIH es que siempre ha ido de la mano de la lucha social. Desde un inicio, ha sido una infección que afectaba a grupos minoritarios, y los avances científicos han ido muy acompañados de los avances contra la estigmatización», concluye Julia. 

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Categoría:

Investigación