miércoles 19

Mujeres que emprenden para transformar la salud

Publicado el 19/11/2025

Melanie Perkins, cofundadora de Canva; Arianna Huffington, fundadora de The Huffington Post; Jennifer Doudna, premio nobel de Química 2020 por la tecnología de edición genética CRISPR-Cas9 y fundadora de múltiples start-ups científicas, y Daphne Koller, cofundadora de Coursera. Ellas constituyen algunos de los «hastaahoraminoritarios» casos de mujeres que lideran empresas capaces de reescribir las reglas de la innovación. 

Las cosas están cambiando, pero el escenario es todavía estrepitosamente desigual. Las mujeres poseen apenas una de cada cuatro empresas a escala global y, solamente en Europa, representan el 73 % de los «emprendedores ausentes». Esto significa que podría haber 5,5 millones de mujeres más iniciando y gestionando negocios si contaran con las mismas oportunidades y participaran en las fases iniciales del emprendimiento al mismo ritmo que los hombres de 30 a 49 años. 

Los datos resultan tan reveladores como paradójicos: las mujeres superan sistemáticamente a los hombres en la obtención de títulos universitarios, pero conforme pasan los años y ascienden los peldaños de la jerarquía empresarial, chocan con el ya conocido «techo de cristal» y su representación en altos cargos cae en picado

Esto no es una excepción en el ámbito científico, donde la jerarquía y la distribución de los recursos se han regido por esos mismos patrones durante mucho tiempo. Sin embargo, cada vez más investigadoras eligen dar el salto del laboratorio al mercado

Con motivo del Día Mundial de la Mujer Emprendedora hablamos con Pilar Coy, Malu Martínez y Valle Palomo, tres investigadoras del programa CaixaImpulse que decidieron emprender para trasladar el impacto de su conocimiento científico a la sociedad

 

El impulso de emprender

«Después de más de 30 años investigando vi la oportunidad de que los resultados de nuestro trabajo tuvieran un impacto en la mejora de la vida de las pacientes.» Esta fue la chispa que llevó a Pilar Coy, investigadora de la Universidad de Murcia, a poner la primera piedra de su proyecto: desarrollar un dispositivo mínimamente invasivo para la detección precoz del cáncer de endometrio. 

Pilar Coy

Ese mismo impulso guía también a Malu Martínez, que desarrolla una estrategia terapéutica para enfermedades hepáticas basada en el ARN en el Centro de Investigación CIC bioGUNE, y a Valle Palomo, quien investiga un biomarcador para un diagnóstico más temprano de la ELA en el instituto IMDEA Nanociencia. 

La investigación básica sienta las bases del conocimiento a partir de las cuales se desarrollan todos los avances biomédicos. «Por eso, la ciencia, aunque a veces se perciba como un lujo, es una necesidad», explica Malu. «Y también por eso, emprender en este campo consiste en transformar ideas en soluciones reales». 

 

Empezar de cero

«Emprender supone remar contra viento y marea de manera constante», reconoce Valle. «Es un camino complicado, pero para mí la investigación no tiene sentido si no intentamos trasladarla». 

Los retos para conseguirlo son múltiples y desde diferentes frentes. «El desafío científico es construir una base sólida que justifique la inversión. Sin financiación no pasas del primer peldaño, por eso es clave aprender a buscarla, gestionarla y justificarla», explica Malu. «En lo emocional, el camino es una auténtica montaña rusa: la incertidumbre es mayor que en la investigación porque muchas decisiones escapan a tu control». 

Malu Martínez

En cierto modo, emprender desde la ciencia significa empezar de cero. «Cuando ya llegaba al final de mi carrera científica tuve que aceptar que emprender significaba entrar en un mundo nuevo, apasionante y gratificante en algunos aspectos, pero que requería toda mi energía», explica Pilar. 

Y es que saltar al emprendimiento implica reinventarse. «Necesitas dominar habilidades que no se enseñan en el laboratorio», apunta Valle: «propiedad intelectual e industrial, modelos de negocio, dinámicas de mercado, viabilidad de proyectos…». Y Malu añade: «También requiere aprender a negociar, a comunicar fuera del lenguaje científico y, muy especialmente, a escuchar. Porque muchas veces, las decisiones no se basan solo en datos, sino también en intereses, percepciones e incluso intuiciones». 

 

Contra el techo de cristal

«Todavía quedan muchas barreras —estructurales y culturales— que dificultan el acceso a financiación y recursos a los proyectos liderados por mujeres», advierte Valle. 

Valle Palomo

«No tenemos la misma visibilidad ni acceso a las redes de decisión o inversión. A menudo nos enfrentamos con sesgos inconscientes que ponen en duda nuestra capacidad de liderazgo o nuestra visión estratégica, en especial en sectores tradicionalmente dominados por hombres», afirma Malu. 

A ello se suma un reto importante: la conciliación. «El emprendimiento requiere una dedicación enorme y muchas mujeres deben compaginarlo con cargas familiares que no siempre se distribuyen equitativamente», añade Malu. «Además está la falta de referentes visibles, que complica el camino. «Ver a otras mujeres liderar empresas, negociar con inversores o licenciar tecnologías es inspirador, pero todavía poco común», señala. «Necesitamos visibilizar más estos casos y crear espacios donde las mujeres puedan desarrollarse sin obstáculos añadidos». 

Pilar recuerda que también hay barreras internas: «A veces nos imponemos límites nosotras mismas por autoexigencia o sentido de la responsabilidad familiar que nos alejan del mundo empresarial». 

 

Acompañarse en el viaje 

«Formar parte del programa CaixaImpulse me ha hecho la vida más fácil desde el minuto cero», afirma Pilar. «Para emprender necesitas rodearte de profesionales expertos en el mundo de los negocios desde el principio. Solo con científicos en el equipo no es posible avanzar». 

«El programa nos ha dado acceso a profesionales determinantes en el proceso, desde la licencia hasta las conversaciones con inversores. Sin duda ha sido un punto de inflexión en nuestro camino emprendedor», añade Malu. 

Valle coincide: «Contamos con mentorías personalizadas y formación de altísima calidad enfocada a cubrir las necesidades no cubiertas que tenemos los investigadores. Hay un compromiso real con el éxito de nuestros proyectos». 

 

Para abrir camino

«Emprender como científica no solo es posible, es necesario», afirma Malu. «Si te lo planteas, ¡adelante sin dudarlo! Es un camino lleno de retos, pero también de momentos increíbles. No tengas miedo de preguntar, aprender y dejarte guiar». 

Para Valle, «merece la pena intentarlo y no quedarse preguntándose qué podría haber pasado. Cuantas más seamos, más fácil será para las que vengan después». 

Y es que, como recuerda Malu, «emprender en ciencia siendo mujer todavía implica un esfuerzo adicional. Por eso, en cierto modo, emprender como mujer científica también es un acto de resistencia y transformación. Y aquí seguimos, abriendo camino». 

Compartir

0