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Dejando la insulina atrás

Publicado el 14/11/2025

El descubrimiento de la insulina en 1921 transformó la diabetes de forma radical. De ser una enfermedad mortal pasó a ser un trastorno crónico, complejo, pero manejable. Y hoy, cien años después de aquel descubrimiento, la insulina continúa siendo el tratamiento de referencia. 

A pesar de los enormes avances tecnológicos —bombas de insulina inteligentes, sensores de glucosa, algoritmos de control—, su principio terapéutico no ha cambiado: sustituir una hormona que el organismo ya no puede producir o utilizar correctamente. Y es que, aunque salva vidas, la insulina sigue siendo un parche: no cura la enfermedad ni evita sus complicaciones a largo plazo. 

Con motivo del Día Mundial de la Diabetes exploramos nuevas líneas de investigación dirigidas a dar un paso más: liberar a los pacientes de la dependencia del tratamiento crónico, así como mejorar su calidad de vida y, quizás algún día, lograr una cura definitiva

 

Una pandemia del siglo XXI

En 2024, la diabetes ya afectaba a 589 millones de adultos. Y las proyecciones de futuro son contundentes: 643 millones en 2030 y 853 millones en 2050 según la Federación Internacional de Diabetes (FID)

De la población afectada, más del 90 % presenta el tipo 2 (DT2), y entre el 5 y el 8 %, el tipo 1 (DT1). Es importante distinguir entre estos dos tipos principales. 

En el caso del tipo 1, se trata de una enfermedad autoinmune, causada por la combinación de factores genéticos y ambientales, y que desencadena una respuesta inmunitaria anómala: el propio sistema inmunitario ataca las células β del páncreas, responsables de producir insulina. «Como resultado se produce inflamación local y estas células mueren de forma progresiva, lo que finalmente impide que el paciente genere suficiente insulina», explica Lorenzo Pasquali, investigador de la red Fundación ”la Caixa” en el Departamento de Medicina y Ciencias de la Vida de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona. 

Lorenzo Pasquali

En el tipo 2, en cambio, el organismo puede no producir suficiente insulina para cubrir sus necesidades o, aunque la produzca, no ser capaz de utilizarla de manera adecuada debido a una combinación de factores de riesgo, entre ellos la obesidad, el sedentarismo y la predisposición genética. 

En ambos casos se produce un exceso de azúcar en sangre que a largo plazo puede causar ulceraciones, problemas visuales, daños renales, accidentes vasculares y debilitamiento del sistema inmunitario, lo que afecta gravemente a la salud del paciente. 

 

La carga invisible del tratamiento

«Para los pacientes con tipo 1, el tratamiento estándar implica inyecciones múltiples a diario o bombas de insulina, además de la monitorización continua de la glucosa», explica Pasquali. «Es una rutina exigente que requiere una atención constante y que impacta en la salud mental y en la vida cotidiana de las personas afectadas». 

En el tipo 2, el panorama terapéutico es más diverso y depende de las características clínicas de cada paciente. «Suele comenzar con cambios en el estilo de vida —dieta, ejercicio, control del peso— seguidos por fármacos que disminuyen la glucosa en sangre, como la metformina o, más recientemente, los inhibidores de SGLT2 y agonistas de GLP-1», apunta el investigador. «Pero cuando estas opciones fallan, la insulina vuelve a ser el recurso final». 

Además, pese a los avances actuales, la insulina no logra replicar la precisión con que el páncreas regula los niveles de glucosa. «Esto puede provocar hipoglucemias o complicaciones que, con el paso del tiempo, afectarán a la salud del paciente», afirma Pasquali. 

 

Una solución de por vida

«Las grandes farmacéuticas desarrollan muchas más terapias y dispositivos para la diabetes de tipo 2 porque el mercado es mucho más grande», apunta en esta entrevista Esther Latres, directora de la fundación Breakthrough T1D. Desde 2024, esta entidad colabora con la Fundación ”la Caixa” en la financiación de proyectos de investigación con un objetivo: «mejorar la vida de las personas que viven con DT1, pero también impulsar terapias verdaderamente curativas». 

Esther Latres

Esta es la línea de trabajo de Lorenzo Pasquali, que investiga el uso de terapias capaces de regenerar el organismo para devolverle la capacidad de producir insulina. Estas estrategias, conocidas como terapias de reemplazo celular, se basan en el trasplante de islotes pancreáticos o de células β derivadas de células madre. Los resultados son incipientes, pero ya apuntan a una posible curación funcional de la enfermedad

«El reto es lograr que las nuevas células sobrevivan al ataque del sistema inmunitario sin necesidad de inmunosupresores», explica Pasquali. Su equipo estudia cómo influyen la inflamación y la predisposición genética en la destrucción de las células β para diseñar versiones más resistentes. «Ya hemos identificado genes que podrían reforzar esa protección y estamos probando modificaciones genéticas con resultados prometedores», añade. 

Los avances más recientes confirman ese potencial. En agosto de 2025, dos estudios publicados en el New England Journal of Medicine demostraron que las células β obtenidas a partir de células madre pueden producir insulina durante meses sin necesidad de fármacos inmunosupresores. Aunque los ensayos aún son reducidos, representan un hito. «Son pruebas de concepto que demuestran que una curación funcional es posible», afirma Pasquali. «El próximo desafío será garantizar su seguridad, durabilidad y accesibilidad para que puedan llegar a todos los pacientes». 

 

Hacia una nueva era

El horizonte de la investigación en diabetes apunta hacia nuevas terapias capaces de restaurar la producción natural de insulina y reducir la dependencia de tratamientos externos. 

«Quizás aún estemos lejos de una cura universal, segura y accesible», reconoce Pasquali. «Pero ya vislumbramos un futuro en el que los pacientes con diabetes de tipo 1 podrán vivir largos periodos sin insulina y con mejor calidad de vida». 

Un siglo después de su descubrimiento, la insulina sigue salvando millones de vidas. Pero la ciencia está cada vez más cerca de ofrecer algo aún más valioso: la posibilidad de dejarla atrás

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